El nacimiento
El nacimiento de Salinas de Añana
La comunidad que se instaló de forma dispersa en todo el entorno al valle de Haniana, tal y como es nombrada en los textos altomedievales, sufrió
un nuevo cambio entre el siglo VIII y la primera mitad del X. Durante ese período, Añana fue el objetivo principal de dos de las expediciones
militares de castigo (año 822 y 865) que habitualmente realizaba el ejército musulmán por estas tierras, conocidas en su lengua como
“Alaba wa-l-Qiba” o “Álava y los Castillos”. Debido a varios factores, la gran comunidad que explotaba las salinas se dividió en una red de
seis aldeas de funcionamiento completamente autónomo.
La fuerte presencia de poderes feudales en Añana, donde había más de cincuenta instituciones religiosas participando en la explotación, se vio
frenada tanto por la fortaleza de las propias comunidades y sus aristocracias como por el incremento del poder de los reyes a partir del siglo XII.
En concreto, Alfonso I el Batallador otorgó al valle en torno a 1114 el primer fuero real del País Vasco. Con esta concesión, se produjo el último
cambio en el poblamiento salinero. En concreto, los vecinos de las seis aldeas abandonaron sus respectivos núcleos de población para ir a habitar
el lugar elegido por el rey para crear la villa amurallada de Salinas de Añana.
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